Por qué tengo un blog

En realidad siempre escribo para mí. No importa si estoy hablando de gatos, la luna, ser grandes o personas que me caen mal. En realidad estoy escribiendo sobre mí. Qué egocéntrica. Sí. Le pongo otro nombre. Lo disfrazo. Hago como que te estoy hablando a vos pero en realidad te estoy usando como excusa para hablarme a mí.

Y supongo que el que lee cree que en serio está leyendo una historia sobre viajes, autoestima, crecer o lo que sea. Pero en realidad trataba de mí. Cuando escribo sobre lo que no me gusta de algunas personas, o lo que creo que hay que hacer o de lo que todo el mundo tiene miedo… Estaba hablando de cosas que no me gustan de mí, que creo que tengo que hacer, que me dan terror. Escribir siempre es un poco hacerte el boludo. Trasladarte a otro lugar. Uno seguro. Desentenderme para entendernos mejor. Capaz que  por eso me gusta cerrar los textos en plural. Incluirme. Porque había estado ahí todo el tiempo, solo que no me habían visto.

Escribo para mí. Para explicarme cosas que no entiendo. Para decirme cosas que necesito escuchar o que no quiero escuchar. Escribo para desenredarme. Escribo por esta bendita necesidad de darle sentido a lo que nos rodea. Escribo porque no tengo opción. Porque si no lo hiciera me volvería loca. Escribo porque me hace sentir que soy dueña de algo. Que puedo hacer las cosas bien. Que por un momento puedo darle forma a este caos. Siento que puedo ordenarme. Siento que puedo arreglarnos.

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Hasta acá todo muy lindo, dirán. Pero tenés un blog, cuyo fin es básicamente compartir lo que escribís. Sí, ya sé. Pero es que también escribo para vos.

El que inventó la escritura en el 3000 a.C. la pensó para que nos comuniquemos. Para que con un montón de garabatos una persona llegue a otra a pesar del tiempo y la distancia. Se escribe para ser leído. Se escribe para un “otro”, real o imaginario. Se crea para los demás.

Alcanza que una sola persona te diga: “me llegó”.

Me hiciste pensar.

Me hiciste sentir.

Creo que las palabras son poderosas. Son el vehículo de las ideas. Después de todo, no pensamos sin lenguaje. No podemos. No sabemos cómo. Las palabras no describen al mundo, lo crean. El discurso del que nos rodeamos construye nuestra mirada de la realidad, nos construye.

También escribo para vos. Porque creo que las ideas nos transforman, que al mundo vinimos a hacernos bien y que por ahí algo de mi desastre te sirve. Escribo porque es espejo. Necesitamos que nos ayuden a vernos.

Y ya sé que dije que en realidad siempre estoy hablando de mí. Del dilema que no me deja en paz, de lo que no puedo o no quiero resolver, de los demonios que gritan en mi cajón. Pero como se escribe para ser leído, escribir de mí en algún punto es también escribir de vos. Del que lo va a leer. De lo que hay en tu cajón.

Y quién sabe, en una de esas nuestros cajones no son tan diferentes.

Y a lo mejor, de a dos y de a poquito, nos vamos desenredando.

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