Venecia

Día 25 de 88

Debe ser la estación de colectivos más desolada del universo pero un mozo genio nos abre la cocina del bar, calienta el menú en 5 minutos, nos envuelve queso, pan y bombones para llevar y nos tira buenas vibras para siempre.

Llegamos.

Vaporetto se llama lo que hay que tomar. Qué palabra linda. Parece que toda la ciudad debería llamarse así. Cubierta de niebla, parece un espejismo que va a desvanecerse de un momento a otro, un delirio de marineros. Pau ya me había avisado que esto estaba lleno de fantasmas.

El mar como una masa negra. La luz de los faroles que se difumina como vapor. Una sombra que cruza un puente. Fantasmas, te digo. Y el monstruo que controla el vaporetto, escuchá como ruge.

Bienvenidas a Venecia.

(…)

Día 27 de 88

Aymi me despertó. Ella a mí. Increíble pero cierto. “Salgamos iari, que hay sol.”

Cuando en Venecia sale el sol, es como si pasaran un plumero. Como si a todos los fantasmas los mandaran a dormir. El agua ya no es verde, sino celeste. El cielo también, despejado como un regalo.

Sé que hay 100 museos, iglesias y palacios en el itinerario de cosas que ver del turista promedio, pero encerarse en uno me parecería una ofensa al sol. Qué tontería meterse en un edificio a buscar una reliquia o cuadro que admirar cuando a la misma ciudad no se le puede quitar los ojos de encima.

No hacemos otra cosa que caminar. Sin dirigirnos a ningún lado en particular. Caminamos por horas. ¿Qué tiene Venecia? No termino de responderme. Si a veces hasta parece abandonada. Si se está hundiendo. La pintura descascarada, los ladrillos desnudos, los colores desteñidos. Y así enamora. Como una mujer que es linda recién levantada, con lagañas y entrada en años.

Quiero tatuarme todo en la retina. Es que todo es lindo. Todo. La ropa que cuelga, esa ventana verde abierta, la góndola que pasa por el puente, las gaviotas, las paredes viejas y rotas, los caminos confusos, las calles sin salida. Quiero sacar fotos mentales. Es que en Venecia todos los rincones merecen ser postal.

Google maps no funciona, los mapas de papel no se entienden. No queda otra que perderse y no ofrecemos resistencia. Hay algo emocionante, un pequeño grado de adrenalina al ir avanzando al azar, doblando en la esquina que más te llame. El camino lo dibuja el instinto.

Los disfraces y las máscaras son obras de arte. Debajo se esconden hombres peludos o viejas que quieren ser reinas. Caminan con la actitud altiva de un noble, se sientan a comer, se mezclan en las calles o en el transporte. Parecen tan irreales que te da la necesidad de tocarlos.

Los nenes se disfrazan de lo que les pinta. Piratas, superhéroes, princesas, animales. Familias en pijamas gigantes. Una bebé frutilla. Un hada que baila al ritmo de la murga. Otro muy serio que toma helado sentado en su monopatín.

Hay tanta tantísima gente que para sentarnos en algún lado tomamos el Vaporetto número 2 y recorremos sin querer el atardecer por el canal grande. Es de esos momentos. Paz y belleza. Nada más existe. Es de esos momentos que pensás: “se viaja por instantes como este”. Por esto todo vale la pena. Rozar un poquito lo perfecto.

Venecia es un dardo a lo más íntimo. Te atraviesa sin escalas y sin permiso.

(…)

Día 29 de 88

No entiendo en qué punto te acostumbras a que la rutina sea así. La antirutina. No sé. Hoy extraño todo. Algún día voy a extrañar estar cansada y que mi único pendiente sea llevar la bitácora.

Ya escribí que Venecia tiene forma de pez? Buscar qué significa Venecia.

Hoy en el Palacio Ducale pensaba sobre dejarse enseñar. Con mi hermana estamos paradas al lado y no vemos lo mismo. En un salón lleno de armas medievales yo pondero si eso era más o menos violento que la violencia de ahora. Quizá cagarse a piñas fuera más limpio que una colonización cultural, generar guerras para enriquecerse con el tráfico de armas, manipulación de monopolios a gobiernos. Quizá las espadas fueran al menos sinceras. La crudeza del hierro me hace pensar en la hipocresía posmoderna.

Aymi en cambio está viendo los objetos como mundos. Los materiales, su proceso de fabricación, su nivel de estética y practicidad. Esto es hierro forjado, dice. 30 kilos debe pesar. El techo estoy casi segura que es madera con pintura dorada. Mirá ahí arriba se quemó, ese no es el patrón original de la tela.

Y es divertido mirar con sus ojos.

¿Qué mirarán mis amigos cuando estamos en el mismo cuarto?

No existe alejarte de la plaza central a buscar comida y volver. Científicamente comprobado. Las calles se cruzan, te enriedan, quieren marearte a propósito. En Venecia es mucho más fácil encontrar algo sin querer que queriendo. En Venecia hay que fluir y dejar que las cosas te encuentren. Toda resistencia es tiempo perdido.

Mejor almuerzo del viaje hasta ahora: el gran canal, wrap de falafel, sol y las patitas colgando del muelle. Las gaviotas y nosotras. Alguna góndola que pasa. Venecia entera sonríe porque es carnaval y lunes. Porque hay sol y los fantasmas duermen mientras los nenes en toda la isla tiran al aire papel picado. No conozco Venecia con el piso limpio.

(…)

Día 30 de 88

Primer mes desde que me fui de mi casa. Último día en Venecia. Cuántas locuras juntas.

Creo que poquito a poquito fui subiendo mi nivel de sensibilidad, casi que estoy exagerando con la capacidad de asombro. Me pasa que ya no sé si las cosas son lindas o tengo la emoción fácil, ¿es posible que hasta la ropa colgando de los balcones me resulte poética? Todo me emociona, me enternece, me parece admirable. Si le señalara a Aymi cada cosita que me llama la atención, creería que estoy loca.

Ayer la paré donde estaba y le describí lo que veíamos. Mirá la plaza. Los nenes que corren, el papel picado en el piso, los disfraces, el escenario, las palomas volando encima de la cabeza de la gente, los turistas que acosan personajes, el cielo, la música.

Me mira raro y dice: sí, veo. No necesito que me lo relates. Ahí me doy cuenta que la que necesita relatarlo soy yo. Me paso el día entero intentando narrar cómo me hace sentir lo que veo.

Hoy supuestamente íbamos a ir a un palacio que ayer llegamos 5 minutos después del cierre. No abrían los martes. Cuestión que el palacio nos odia pero en el camino de vuelta nos encontramos con una exposición gratuita. Dice algo de la NASA. No entendemos bien pero tampoco tenemos nada que perder.

La exposición empieza con esta quote: «No sé lo que pensará el mundo de mí, pero no he sido más que un niño que juega en la orilla del mar y se divierte de tanto en tanto encontrando una piedra más pulida o un caracol más hermoso de lo común, mientras que el inmenso océano de la verdad se extiende inexplorado frente a mí» Newton

Trabajaban artistas y astrónomos en conjunto. Un astrónomo se juntaba con el artista y le mostraba una foto de algo en particular. Una galaxia, una súpernova, un agujero negro, lo que sea. Y charlaban. El científico le explicaba qué era y cómo funcionaba. Mirá esta parte de arriba brilla de tal color porque se están gestando estrellas, en cambio más acá es rojo por la cantidad de hidrógeno y esto que parece humo en realidad es blablabla

El artista interpretaba a su manera lo que había visto y aprendido. Lo pasaba por sí mismo, por su filtro, sus vivencias. Y después lo reinterpretaba en forma de arte.

Entonces en cada cuarto vos tenías:

  • La foto que había servido de inspiración, gigaaaaante a veces la pared entera y en altísima definición
  • Un folleto con una mini explicación de lo que estabas viendo. Esto es tal en tal lugar es importante por esto tiene tal particularidad componentes tales
  • Lo que el artista había creado. Pintura, esculturas, arte conceptual, telas, lo que sea.
  • Y una quote en la pared. Una frase de un famoso, un fragmento de un poema. Relacionado, obvio.

Era muy emocionante no sé

Y se conecta con lo que estaba pensando ayer: dejarse enseñar

“La ciencia no es más que la investigación de un milagro inexplicable, y el arte, la interpretación de ese milagro.” Bradbury

“La cosa más bella que podemos experimentar es lo misterioso. Es la fuente de toda verdad, toda ciencia y todo arte.” Einstein

(…)

Caminé toda la tarde como acariciándola con los ojos. Qué locura querer e irse. Qué cosa asquerosa las despedidas. En Venecia toda la vida me parecería demasiado corta. Quería repasar cada rinconcito un poco más. La gasté de tanto mirarla. El dardo se retorcía en mi pecho. Y estaba bien. Así debe ser. Cómo se me ocurre querer tan rápido.

Te quiero tanto que duele Venecia.

Hasta los locales cerraban como señal para irnos. Terminó el carnaval y terminó todo.

Pero antes, los fantasmas me quisieron saludar. Se cerró el cielo. Todo cambió de color. Parece otra ciudad y es que despertaron los fantasmas. De golpe, las esquinas pintorescas resultan macabras. A mi no me engañó igual. El cielo estuvo así el primer día. Se insinúan sombras en todos lados, crujen los puentes y hasta las palomas parecen poco amigables. Se respira distinto.

Me siento afuera en el vaporetto.

Quiero ver.

Por qué duele tanto querer.

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