Viví… y que no se enteren

Alguien en algún momento estableció que nuestra vida era para ser exhibida en vidriera. Le creímos. Dijo que tenía que tener público, mucho público. Público que aplauda. ¿Y a quién aplaude el público? A los buenos actores, por supuesto. Por los likes baila el mono.

Rápido. Hay que hacer malabares, fabricar momentos para fotos. Dar evidencia de nuestra diversión. Eso hacen todos.

Rápido. Que parezcas feliz. Seguro. Con muchos amigos. Eso hacen todos.

Rápido. Hay que publicar frases hechas y sonreír para la cámara. ¿A quién le importa si estás triste?

Rápido. Un filtro, y otro más. Porque el maquillaje nunca alcanza. Pero que parezca natural.

Todos lo hacen. Rápido.

likes

En algún momento alguien dijo que necesitábamos aplausos. ¿Para qué?

“Si un árbol cae en un bosque 
y nadie lo escucha caer, 
¿hace ruido?”

Si no hay muestra fotográfica, ¿la pasé bien?

Hay algo muy confuso en eso de exponernos tanto. Una línea muy fina entre ser y parecer. Como si al final del día, todo se tratara de probarle algo a alguien.

¿A quién?

Hay algo tan irresponsable en nuestra relación con el presente. En ese demostrar que se confunde con disfrutar. No sabemos apropiarnos del momento. Somos incapaces de estar en un lugar con nuestros cinco sentidos atentos. Una falta de respeto a la vida.

Que quería ser vivida y no puesta en vidriera.

Porque vivir era otra cosa.

Era tomarte 15 minutos para preparar la merienda perfecta, justo como te gusta… y no sacar foto.

Producirte a la noche para salir, mirarte en el espejo y gustarte. Sin selfie que lo pruebe. Divertirte, bailar, reírte fuerte, cruzarte con amigos que hace meses no veías, cantar a los gritos ese tema que te encanta…  y que tus contactos de snapchat no se enteren.

Ver el mejor recital de tu vida… sin pantalla de por medio. No filmar. Estar ahí.

No abrir y cerrar cada una de tus redes sociales 20 veces antes de dormir… porque no te hace falta.

Orquestar el momento ideal de tirarte en el sillón a leer con tu colchita favorita… para saborearlo sin testigos.

Que el celular vibre desesperado reclamando tu atención… y no desviar los ojos. Ni una vez. Porque estás con alguien.

Organizar escapadas con amigos a otra provincia o a loma bola por las puras ganas de coleccionar anécdotas sencillas o extravagantes… que jamás vas a tuitear.

Era adueñarte del presente. Hacerte cargo del momento. Es un regalo. Te pertenece a vos y sólo a vos. No a tus cientos de contactos, amigos y seguidores. ¿Para qué? Es tuyo. Lo íntimo sigue siendo hermoso.

Vida era que en medio de tu día se cruce un atardecer espectacular. Que se entrelacen tonos rojos, naranjas, violetas. Sonreír en silencio y pensar “es mío”.

Hashtag nada. Guardá eso.

Nos sentemos a mirar.

Dale, vení. Vivamos un poco.

fotomomentos

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