El hilo rojo, el progreso y hablarle a las plantas

Hay personas que revoleando los ojos y con actitud sobradora, siempre tienen una réplica mordaz para dejar como estúpidos a los que confían. Al resto de los patéticos mortales que dicen creer en algo. Mirándolo desde arriba y con una sonrisa burlona lo tratan de ingenuo. De iluso. Que es como decirle débil. Porque en la era de la razón, el que cree pierde.

Qué canchero que sos, por favor. Qué bien te queda el aire de superioridad y eso de que no te importe nada. Por la ironía que usas cuando menosprecias lo que otro siente, debes ser muy inteligente.

Igual, a mí me gustan más los que levantan los pies cuando pasan en auto por las vías del tren y piden un deseo. Los que ven señales en todos lados. Los que no matan vaquitas de san antonio. Los que charlan con su perro. Los que mandan abrazos psicológicos. Los que toman decisiones tirando una moneda.

Porque el personaje de rey del escepticismo no me termina de cerrar.

Cuando una nena pide monedas en el semáforo a la noche en invierno. Cuando le dan crédito a otro por algo que hiciste vos. Cuando en el planeta hay injusticias chiquitas o catastróficas… ¿en qué pensás? Capaz que soy sólo yo, pero me da la sensación de que todos tenemos en mente algo así como un contrato no escrito, una idea de lo que debería ser, una especie de equilibrio. Hay algo. Algo en donde nos paramos. Algo que nos sostiene. Algo que da sentido. Y no, no es simplemente una excusa para no enfrentar lo terrorífico de encontrarse en un mundo sin explicaciones. Es bajar la cabeza y admitir que soy insignificante. Que hay cosas que me exceden. Reconocer mi pequeñez, admirar la inmensidad del cosmos y pensar… hay algo.

ñññ

Algo. No sé.

Decile suerte, karma, astros, Dios.

Decile energía del bien, fortuna, fuerza del azar.

Decile técnica, ciencia, progreso.

Decile naturaleza, Pachamama, madre tierra.

Decile música, belleza, arte.

Decile papás, haditas, superhéroes.

Decile igualdad, tolerancia, respeto.

Decile destino, hilo rojo, orden del Universo.

Decile amor.

Decile como quieras, me da igual.

Pero a mí no me engañás, en algo hay que creer.

Y si estamos todos medio adivinando, ¿con qué autoridad trato de idiota a la que todas las semanas busca su horóscopo? ¿Cómo reírme de la que en el parcial arma una santería en su banco? ¿Con qué cara me burlo del que tiene una cábala antes de ver un partido o del que entierra un huevo para que haya sol?

La vecina le habla a las plantas para que crezcan. Mi tío abuelo está seguro que cura las verrugas de palabra. Una amiga se repite siempre “todo pasa por algo”. Mi papá piensa que las cosas se arreglan con lucha política, mi abuela dice que rezando un rosario todas las mañanas. Mi compañera de la facultad cree que el amor mueve al mundo, mi hermanito opina que son los científicos. Y está bien.

Y si yo quiero cerrar los ojos y conjurar algo bueno con todas mis fuerzas, aunque no sepa cómo o a quién dirigirme… está bien.

Que vengan todos los reyes del escepticismo a decirme crédula. Allá ustedes con su apatía y su falsa indolencia.

Me sigue gustando más cómo encaran esto de existir los que soplan la pestaña que se les cayó. Los que escriben buenos deseos en los billetes con la esperanza de que le lleguen a alguien. Los que están convencidos de que hay espíritus, fantasmas y extraterrestres. Los que miran mucho las estrellas. Los que duermen con los apuntes abajo de la almohada antes de rendir.

Los que se levantan pensando “hoy sí”.

¿Sí qué? No sé, tampoco importa.

La vida es más linda pensando que hoy sí.

delicate

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