Entre la prudencia y la cobardía (o “Te vas a cagar de hambre”)

Escuché a un grupo de nenas de 11 años hablar sobre su futuro. No me dolió que ya no quisieran ser bailarinas-ninja-astronautas. Me dolió escucharlas hablar como gente grande.

“Yo quería ser maestra jardinera, pero ya no porque me dijeron que me voy a cagar de hambre.” “¡Mi mamá es maestra de jardinera y no se caga de hambre!” “Pero tu papá, ¿qué es?” “Ingeniero” “¿Ah, ves? ¡Por eso!”

“Mi hermana quiere ser actriz.” “¿Actriz? JAJAJ qué tonta

“¡Todos en mi familia son arquitectos y yo voy a ser arquitecta!”

Medio sorprendida, medio horrorizada, me animé a intervenir: “pero, y a vos… ¿te gusta lo que hacen?”

“Creo que no, pero ganan bien.”

“Eso no es tan importante”

“¡Pero hay que fijarse en eso! Mucho más que si en te gusta.”

Me lo dijo una nena de 11 años, educada en un colegio caro y criada en un barrio privado. Me lo dijo una nena que ya ha viajado al exterior por vacaciones con su familia. Una nena de hermosos ojos claros y manos blancas, sin callos por lavar los platos. En resumen, me lo dijo alguien que disfruta de todas las comodidades que el dinero puede ofrecer. Alguien que no ha tenido la desgracia de conocer lo crudos que son los inviernos cuando no se llega a fin de mes.

Yo no salía de mi asombro. Estaba en último año de secundaria. Ellas éramos nosotros. Ellas eran muchos chicos de mi edad sonando poco convencidos mientras trataban de explicar(se) por qué elegían Abogacía o Cs. Económicas. Ninguno tuvo el valor de admitir descaradamente: por plata.

Ellas éramos nosotros. No las juzgué. Pero si las miré preguntándome a qué edad se matan los sueños. ¿Cómo puede ser que las nenas tan puras a las que acabo de llamar para que se bajen del árbol sientan que la plata es esencial? ¿Qué sociedad están viendo y viviendo?

Pensé en los adultos del Principito. Pensé que las personas grandes y serias, al escuchar la misma conversación que yo acababa de presenciar, se sentirían muy satisfechas de haber encontrado un grupo de jovencitas tan precavidas y razonables.

“¡Pero hay que fijarse en eso! Mucho más que si en te gusta.” Me dijo casi con soberbia. Como explicando cosas obvias. Con tonito de hacerte quedar como tonta. Mi primera reacción fue de rechazo. Pero no duró nada. Al segundo, quise abrazarla fuerte, acariciarle el pelo y decirle que está bien. Que sus sueños están bien. Que tiene derecho a ser lo que quiera. Que puede ser feliz sin ir de vacaciones a Miami, aunque nadie se lo haya dicho.

Papás de la clase media y la puta madre. Díganme ustedes, que saben tanto, ¿dónde acaba la prudencia y comienza la cobardía?

Vos que lees esto, hacete un favor. No elijas por presión, porque te apuran, por prestigio, por tus amigos, por seguridad económica. No elijas por miedo. Que la plata no elija por vos.

Porque nos dijeron que lo peor que nos puede pasar es que no nos alcance la plata. Qué esclavizados estamos. Hacé tu pequeña rebelión. No elijas por miedo.

Porque en el fondo el famoso: “Y vos, ¿qué vas a hacer?”, lleva escondida una pregunta mucho más profunda. Y vos, ¿quién querés ser? Y vos… ¿quién sos? Sí, vos. ¿Cómo que todavía no sabés? Si llevas como 17 años acá en el mundo. Andá pensando, ¿no? Mirá que el último año pasa volando.

Pero mirá que la vida también pasa volando. Y si a vos lo que te llena el alma es jugar con deditos pegajosos, miradas brillantes y crayones de colores, eso no lo vas a encontrar detrás de un escritorio dibujando planos. Mirá que la vida es tuya.

Elegir trabajar o qué carrera estudiar se trata de empezar a ser quienes somos.

A lo mejor todavía no sabés quién sos. Pero lo de prudente y razonable no te convence. ¿Miedo? Sí. Te dijeron tantas veces que sin plata no se puede vivir. Pero el tan elegido pack “Colegio, carrera, auto, esposo, casa, hijos, veranear en la costa”, no parece garantizar felicidad.

Que mamá y papá te perdonen, pero tu tiempo es tuyo. Elegí animarte, viajar, cambiar de carrera. Enamorarte, desenamorarte. Probar suerte en Buenos Aires. Empezar a trabajar, conseguir un ascenso y después renunciar. En el orden que sea. Caminar hasta encontrarte y ahí descubrir qué querés.

Quizá no puedas llevar a tus hijos a Mar del Plata. ¿Y? Llevalos de campamento acá nomás, a San Javier. Escalen la montaña más alta, tírense de una cascada, exploren el fondo del río. Toquen la guitarra, trepen árboles, junten piedras de colores, hagan guerra de barro. Cuenten historias de miedo alrededor de un fogón.

Aprovechá y contales también de esa vez que casi te inscribís en Arquitectura, sólo porque tus papás eran arquitectos. Reíte con ganas y contales del día que decidiste mandar a la mierda el verso de ser práctico y te metiste en Maestra de nivel inicial. Contales.

Contales que no te arrepentís de haber elegido ser feliz, “pobre” y libre… antes que cobarde.

tumblr_m0p7vzGbbZ1qzxxzwmsso1_1280

Anuncios

2 comentarios en “Entre la prudencia y la cobardía (o “Te vas a cagar de hambre”)

  1. Hola. Tu blog me llega, me hace pensar, me hace pararme y abrir los ojos a la realidad sin desesperarme. Gracias por compartir todo esto. Lo admiro.
    Te quería pedir permiso para ver si podía imprimir esto y pegarlo en una de las paredes de mi liceo. Estoy terminando mi penúltimo año de secundaria, vivo en Montevideo, y también vivo rodeada de estos comentarios y este pensamiento.
    Saludos.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s